Los trabajadores de la láctea Veronica fueron recibidos en el Senado provincial

Reunión en el Senado de Santa Fe por la crisis de Lácteos Verónica con participación de legisladores, funcionarios y trabajadores

El encuentro encabezado por el presidente provisional del Senado, Felipe Michlig, permitió reunir a los distintos actores, visibilizar el conflicto y avanzar en una agenda común.

La crisis de Lácteos Verónica dejó de ser un problema empresarial para convertirse en un conflicto social de escala regional. Más de 700 trabajadores llevan meses sin cobrar, la producción está paralizada y la incertidumbre atraviesa a localidades enteras donde la empresa es un actor central. Cuando una firma de esta magnitud se detiene, se apagan máquinas y se resiente el entramado económico y comunitario que la rodea.

El cuadro es particularmente crítico por la combinación de factores. Salarios impagos por más de 90 días, plantas sin actividad, deudas acumuladas y una conducción empresaria que no ofrece respuestas ni se presenta a las instancias de diálogo. La situación es clara y directa. Existe una responsabilidad de la empresa en la profundización del conflicto y en el deterioro de las condiciones de vida de cientos de familias.

El impacto además trasciende a los trabajadores. Productores lecheros, proveedores, comercios y economías locales comienzan a absorber pérdidas millonarias que comprometen la sostenibilidad de toda la cadena. Lo que ocurre en Verónica expresa un problema más amplio y expone la fragilidad de un sector clave para Santa Fe, donde la industria láctea tiene un peso estructural.

En ese contexto, la intervención del Senado provincial aparece como un punto de ordenamiento político e institucional. El encuentro encabezado por el presidente provisional del Senado, Felipe Michlig, permitió reunir a los distintos actores, visibilizar el conflicto y avanzar en una agenda común orientada a sostener el empleo y reactivar la producción. Sin resolver el problema de fondo, incorpora un elemento imprescindible, la presencia de la política frente a un vacío empresario evidente.

La salida no será simple ni inmediata. Pero hay una premisa que ya no puede discutirse. Sin respuestas de la empresa, sin articulación estatal y sin una estrategia integral, el conflicto seguirá escalando. La crisis de Verónica exige decisiones y, sobre todo, que cada actor asuma la responsabilidad que le corresponde.