Los despidos en la Municipalidad de San Cristóbal profundizaron la incertidumbre y dejaron al descubierto la gestión de Andreychuk, que todavía no logra ofrecer certezas a los vecinos.
Los siete despidos en la Municipalidad de San Cristóbal marcaron un antes y un después. La reunión entre el intendente Marcelo Andreychuk y el Sindicato de Trabajadores Municipales dejó un dato que preocupa. El intendente volvió a decir que “no hay plata”. Lo que no apareció fue un informe que explicara por qué esos siete trabajadores fueron despedidos y no otros. La promesa de revisar cada caso abre una esperanza para las familias afectadas, pero también deja una pregunta incómoda. Si los casos pueden revisarse, ¿los despidos estuvieron bien resueltos desde el principio?
La crisis económica ya no se puede ocultar. Hace pocas semanas el propio Andreychuk reconoció que podía pagar los salarios del mes, aunque no sabía cómo afrontaría el siguiente ni el aguinaldo. Hoy ese escenario dejó de ser una advertencia. Los problemas financieros empezaron a tener consecuencias concretas sobre los trabajadores.
Cada gobierno tiene derecho a tomar decisiones difíciles. Lo que no puede faltar es claridad. Los vecinos necesitan saber cuál es la situación real del municipio, cuánto dinero falta, qué plan existe para salir de la crisis y por qué se eligió despedir a esos empleados. Cuando esas respuestas no aparecen, crecen las dudas y se pierde confianza.
San Cristóbal necesita mucho más que un diagnóstico. Necesita un rumbo. Los vecinos esperan que el municipio garantice los servicios, cuide las fuentes de trabajo y explique con honestidad cada decisión. La frase “no hay plata” puede describir un problema. Gobernar consiste en explicar cómo se piensa resolverlo.

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